Cicatrices

            Las cicatrices, como las páginas de un libro, cuentan historias. Son los vestigios de batallas libradas, de heridas sanadas y de momentos que nos han marcado profundamente.

Hay muchos tipos de cicatrices. Esas que se quedan después de algún golpe, accidente u operación y se ven reflejadas en nuestra piel, que tal vez solo pueden afectarnos la estética. Éstas se sanan con cuidados, algún remedio y una buena limpieza, algunas de ellas con el tiempo se hacen más pequeñas, sin dejar rastro alguno y otras no. En mi caso, por ejemplo, tengo una grande en el cuello que me quedo después de mi operación de cervical, que todo el que no me conoce cuando la ve me pregunta de que se trata. Al principio, me daba mucha vergüenza, me había dado cuenta que no podía esconderla, que todos me preguntarían siempre y eso no me daba gracia. Hoy la veo con amor, les diría que hasta hay días que me olvido que está ahí. La tengo como una marca de guerra, una batalla que con la ayuda de Dios le gané al enemigo que quiso callarme, pero que Papá Dios tenía la palabra final.

También están las cicatrices del alma. Son aquellas heridas que llevamos dentro, son el resultado de experiencias dolorosas, traumas, pérdidas o situaciones difíciles que hemos vivido y si pueden afectar nuestra vida de distintas maneras. No siempre son visibles a simple vista, pero pueden doler tanto como sentir literalmente el corazón roto. Estas heridas son más difíciles de sanar, es un proceso que lleva tiempo, esfuerzo, determinación y paciencia.

            Todas las personas tenemos cicatrices, y de este último tipo, aún más. Al tratar de pasar este proceso solos, muchas veces caemos en depresión, angustia, tristeza y soledad, y nada de esto nos ayuda. Esas heridas lo único que hacen es sangrar y sumergirnos en la oscuridad, aunque muchas veces no nos damos cuenta, hasta que es demasiado tarde. A veces creemos que las sanamos u olvidamos, pero en momentos difíciles o donde la historia pareciera repetirse esas heridas que creímos haber metido en el cajón de los recuerdos y el olvido salen a la luz nuevamente. El único “remedio” que nos pude ayudar a sanar es buscar a Dios, estar en Su presencia.

            Cuando conseguimos sanar, esas cicatrices se convierten en símbolos de liberación, recordando que pueden ser parte de un plan divino para ayudar a otros. Nuestras cicatrices no son señales de derrota, sino de victoria. Representan la capacidad de superar obstáculos y seguir adelante, la RESILIENCIA que Dios nos ha dado para ayudarnos a volver a levantarnos aun despues de los momentos más difíciles.

            Y si quieres saber más, pronto sale mi primer libro “Luz en la tormenta”.

Que cada cicatriz en tu vida sea un testimonio de la gracia, la sanidad y la esperanza que Dios ofrece.




Comentarios

  1. Una cicatriz es evidencia de que una herida ha sido sanada porque si ves la cicatriz pero ya no duele pero si duele aún es herida...

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